Reseña "Algo va mal". Tony Judt
En el libro Algo va mal de Tony Judt, podemos ver cómo se pone de manifiesto que el estilo de vida que lleva consigo la vida contemporánea, está basado en el más puro egoísmo individualista, fruto de la búsqueda del beneficio material, dejando de lado pensamientos y formas de ver la vida de corte colectivista. Todo esto genera situaciones de desigualdad, ya que va orientado a generar extremos económicos, es decir, cada vez hay mayores fortunas pero como contrapunto hay pobreza más extrema, y cada vez más gente que se encuentra en situaciones de exclusión social debido al factor económico. Lo peor de todo es que hemos adoptado este modo de vida como si fuese natural en el ser humano, de tal manera que no podemos imaginarnos el concepto de libertad sin pasar en primera instancia por obtener libertad económica, se trata de un condicionamiento arraigado en todos los niveles tanto individuales como sociales, que no obstante se puede combatir para liberarnos del yugo del poder monetario. No importa la riqueza de la que dispone un país, sino de lo desigual que sea la repartición de la misma. Algo destacable es el análisis que hace Adam Smith sobre la admiración del pobre hacia el rico, ya que éste último es situado en una especie de altar inalcanzable, por lo que se le envidia y se lucha para alcanzar ese estatus. Al final todo se vuelve una competición de todos contra todos con el único objetivo de alcanzar un nivel de riqueza excesiva en todos los sentidos y que da lugar a otro de los mayores problemas que presenta la sociedad contemporánea y que ya hemos comentado, el concepto de la libertad económica frente a la libertad real.
Es cierto que no debemos olvidar el pasado, ya que es un ejemplo de los resultados que acarrean cierto tipo de sucesos, tanto positivos como negativos para la sociedad. De este modo debemos echar una vista crítica atrás, y no recordar el pasado con nostalgia, para enfrentar la problemática actual, por ejemplo el auge de los totalitarismos, desempleo, genocidios, quiebras económicas y el proceso de la 2ª Guerra Mundial. Centrándonos en el tema de los totalitarismos, debemos remarcar que aunque los aliados ganaron la guerra en 1945, persistió el espíritu fascista, hablamos entonces de una victoria material, ya que todavía existía el miedo por un resurgimiento de regímenes de este corte. Con la llegada de la democracia, se puso de manifiesto que ésta debía llegar a cierto nivel que, merecido o no, habían dejado elevado los regímenes totalitarios, como por ejemplo que Hitler devolvió el trabajo a todos los alemanes, gracias a Mussolini los trenes Italianos eran puntuales, etc.
“En aquellos años cada uno de nosotros sacaba fuerzas de la prosperidad general de la época y acrecentaba su confianza individual gracias a la confianza colectiva. Quizá, ingratos como somos los seres humanos, no nos dimos cuenta entonces de lo firme y segura que nos llevaba la marea. Pero quien vivió esa época de confianza en el mundo sabe que desde entonces todo ha sido retroceso y desolación”. Stefan Zweig. En EEUU, Alemania e Inglaterra se vivieron dos generaciones de alta movilidad social y prosperidad económica. El estado de bienestar estaba dirigido a reducir la brecha social existente entre ricos y pobres, lo que reportó enormes mejores teniendo en cuenta la calidad de vida de las personas, que se tradujo en una lucha contra las desigualdades tanto económicas como sociales. Ejemplo de estas luchas fueron las numerosas políticas sociales que se llevaron a cabo, como la educación gratuita, la atención médica barata o gratuita, pensiones públicas y seguros de desempleo, de este modo la clase media europea en 1960 se vio con la mayor renta desde 1914. El éxito de estas acciones se deben por un lado a la innovación social que se buscaba con la implantación de estas políticas sociales, pero manteniendo un conservadurismo cultural que actuó como piedra angular para la ideología general del momento. Sin embargo el hecho de que los estados tomaran las riendas en la mayor parte de la vida pública desembocó en que en cuanto se encontraban en una situación de conflicto bélico, todos los recursos y las políticas se dirigían en esa dirección, dando como resultado una limitación para la ciudadanía a la hora de adquirir recursos y suministros básicos, como ropa o comida. Durante este período se empezó a planificar tanto económica como socialmente, sin embargo la mayor parte de planificaciones que estaban hechas a largo plazo se basaban en puras especulaciones, por lo que se concretó que el único modo de planificar de forma efectiva sería a corto plazo y en ámbitos manejables para evitar repercusiones, siguiendo esta pauta se desarrolló el mercado libre, que sin embargo se hizo insostenible a la hora de interactuar con el medio social ya que el sistema como concepto no alberga precaución posible con los daños colaterales de corte social, siempre y cuando haya beneficios económicos, y aunque en el libro se dice que es compatible siempre y cuando sea controlado, en ese caso no nos encontraríamos ante un mercado libre sino ante un mercado regulado. “Al tesoro siempre le resultará más barato mejorar la condición de los pobres para que puedan comprar grano que bajar el precio del grano para ponerlo al alcance de los pobres”. Condorcet. Así las políticas sociales son llevadas a cabo gracias a los impuestos, que no se pueden llevar a cabo de manera efectiva si no existe cierta confianza tanto entre las personas que componen un estado como entre éstas y las instituciones estatales. Dicha confianza viene dada, o más bien se desarrolla entre personas que comparten espacio, tiempo, cultura, o incluso salario o capital disponible, sin embargo cabe destacar un factor decisivo para que funcione correctamente en el estado y es la igualdad entre las personas, cuanto menor sea la brecha entre ricos y pobres, más confianza recíproca se dará entre ellos y de cara al propio estado. También debemos tener en cuenta que cuanto más territorio abarque el estado será más difícil de conseguir esa homogeneidad entre los ciudadanos que permita dicha confianza recíproca.
En términos políticos cabe decir que durante este período se nos muestra un poder descontrolado que no tenía en cuenta las necesidades reales de los ciudadanos, más bien se decantaban por dejar que su poder se extendiese por sí mismo, lo que acarreaba consecuencias nefastas. Véase la construcción incontrolada de viviendas y oficinas que contaban con el descontento de la mayoría de la población, principalmente porque para construir estos edificios debían derribar lo que se encontraba allí anteriormente, y si lo que había antes era apreciado por la ciudadanía poco le importaba al estado, de este modo se reabrió la brecha social. Sin embargo aunque se dió este suceso de apertura de la brecha social nos encontramos ante un panorama distinto, ya que actualmente la clase media se encontraba imbuida en un falso estado de bienestar donde sacaban bastante provecho de sus derechos en comparación con el esfuerzo que dedicaban a sus deberes cívicos y como sociedad.
Durante la época de los 60, la izquierda que anteriormente había estado unida y se había presentado de forma colectivista, experimentó un cambio drástico que marcaría su camino de cara al futuro. En estos momentos primaba el individualismo que no confiaba en darle el poder al estado, producto del ejercicio descontrolado del poder que hemos mencionado anteriormente, como resultado tenemos un ensalzamiento de los intereses del individuo frente a los comunes, así pues la confianza que habíamos ganado la estábamos sacrificando en pos de nuestra propia seguridad, tocaba defenderse frente a un organismo que anteriormente nos protegía, pero que en ese momento había perdido el rumbo y si no hubiese habido reacción hoy no seríamos lo que somos. A pesar de que todo esto fue una reacción frente a un problema planteado, lejos de llegar a una solución efectiva lo que se consiguió es que la izquierda se fragmentase y perdiese el objetivo común. Cobró bastante importancia el concepto de identidad en los discursos públicos. Sin embargo, el resultado de esta amalgama izquierdista fue una invitación al un resurgimiento conservador, que propiciaba un objetivo común basado en la protección social y cultural, sin embargo todo esto unido al paso del tiempo desembocó en un renacimiento de la derecha utilizando retórica de base conservadurista.
La historia de la política ha jugado un papel importante en la política actual, ya que en muchas ocasiones por miedo a las repercusiones del pasado no se repetían fórmulas o no se mencionaban ciertas ideas debido a su anterior fracaso, para no ir en contra del ciclo histórico, sin embargo si una fórmula no funcionó en el pasado, al trasladarla al presente con su respectivo contextos, podría llegar a dar frutos.
En estos momentos, el auge de la derecha trae consigo la idea de la privatización, consistente en que cuando el estado no puede hacerse cargo de ciertos servicios, bien sea porque no dispone de capacidad económica o bien porque no disponen de los medios necesarios para llevar a cabo estas tareas correctamente, se optaba por subcontratar los servicios a empresas privadas que se hacían cargo por completo de los mismos. En primera instancia no parece mala idea, sin embargo si nos fijamos bien esto se trata de deshacer lo que habíamos construído previamente en términos institucionales. Nos encontramos ante una inversión del proceso que se inició cuando el estado comenzó a adoptar actividades que no podían o no querían llevar a cabo los particulares de forma individual, y que ya formaba parte de nuestro tejido como sociedad. “Toda sociedad que destruye el tejido de su estado no tarda en desintegrarse en el polvo de las cenizas de la individualidad”. Edmund Burke. Una vez que valoramos más lo privado que lo público, estamos abocados a entender que hemos de valorar más la fuerza sobre la ley.
la caída del comunismo con el muro de berlín en 1989, significó la disgregación de la izquierda, ya que las doctrinas comunistas eran lo que mantuvieron unidas a las personas de ideología izquierdista durante más de un siglo. Así pues cualquier partido o movimiento que se autodenominase social-demócrata estaba destinado al fracaso y la desaparición, debido a la disgregación que ya hemos hablado. Además el discurso socialdemócrata se ha agotado ya que todos somos demócratas. Tomando esto como punto de partida y sumándolo a que ya sabemos que han pasado los momentos de la socialdemocracia y el neoliberalismo, con la caída del comunismo, lo que nos queda es saber que cada uno de los movimientos anteriormente mencionados pudieron desarrollarse gracias a los contextos que existieron y que ya no están, por lo tanto lo que debemos hacer es un cambio de paradigma, analizando las circunstancias actuales para obtener nuevas maneras de organización política que puedan atender correctamente las necesidades de la población actual, además de ser conscientes que una vez alcancemos algún tipo de organización que logre cierto nivel de bienestar no debemos acomodarnos en ello y dejar de trabajar pues la historia nos ha enseñado que si dejamos de investigar y actualizar las leyes a nivel social, el resultado será una nueva apertura de la brecha económica y social, estar otra vez en la casilla de salida, hagamos de nuestros esfuerzos algo que trascienda a las generaciones.
Teniendo en cuenta todo lo mencionado anteriormente, es hora de ser críticos con la actualidad y los esquemas sociales y económicos en los cuales nos enmarcamos. Debemos llevar a cabo ciertos ejercicios para mantener viva la sociedad y el discurso general en estos términos, en primer lugar debemos liberarnos de los temas tabúes, para que la resolución de conflictos, que en principio son sencillos, no caigan en devaneos debido a una moral antigua que no permite a las personas expresarse con plena claridad. Además de esto, debemos fomentar la idea de poner de manifiesto nuestras disconformidades, tenemos que buscar que la sociedad se encuentre en un diálogo interno contínuo, lo que permitirá pulir más efectivamente elementos relacionados con la desigualdad, como lo es por ejemplo la brecha económica y la social. Si seguimos esta línea abriremos un camino hacia una nueva moral que nos hará trabajar mejor de forma coordinada y conjunta como sociedad, ya que nuestros objetivos estarían fundamentados en el bienestar y la equidad, sin dejar de lado el factor económico, debemos evitar demonizarlo, pero tenemos que darle la importancia justa que merece. Tony Judt comenta que tanto las repúblicas como las democracias, solo se pueden desarrollar en función del compromiso de ciudadanía que debe aceptar la población para la gestión de los asuntos públicos.
Una vez analizadas la organización de las instituciones políticas, y haber dirigido una mirada crítica hacia nosotros mismos, debemos luchar por sacar a flote los fundamentos de las ideas socialdemócratas, aplicándolas a nuestro contexto actual, para conseguir el objetivo que llevamos persiguiendo en todo el recorrido del texto: reducción de las desigualdades o brechas económica y social. Debemos tener en cuenta algunos elementos que en principio juegan en nuestra contra, pero si conseguimos gestionarlo de la manera correcta podrían convertirse en fortalezas. En primer lugar cabría hablar de la globalización, que en cierto modo eleva el nivel de la economía, sin embargo como podemos comprobar en el caso de China, ésto no quiere decir que el nivel de las políticas sociales vaya ligado a la cantidad de riqueza de la que disponga un país en concreto, de este modo se señala al estado como medio que pone en contacto al ciudadano con el medio internacional, así pues necesitamos un estado en el que poder confiar, y que disponga de los medios y el conocimiento suficiente para llevar a cabo esta mediación de manera efectiva, de este modo la confianza en dicho estado vendrá dada de manera natural. Teniendo esto en cuenta diremos entonces que las necesidades se centran en la reformulación de un estado corrupto, que no cuenta ni con los medios necesarios ni con la confianza de los propios votantes, actualmente se vota a la opción menos mala. Así el modus operandi sería echar una vista crítica a la izquierda, sobre todo en materia de libertad de mercado. Debemos conseguir que siga la línea de reducción de desigualdades, debemos hacer estudios del rumbo económico poniendo de manifiesto que aquello que no le convenga a la colmena, no le conviene a la abeja, salvaremos así el desequilibrio al que nos enfrentamos por culpa del individualismo más puro transformado en avaricia. Por último nos encontramos con el problema del miedo infundido, que en muchas ocasiones es producto de histerias colectivas, como en los casos de terrorismos, lo que provoca en muchos de los casos una reacción xenófoba, o el miedo a la inestabilidad, que generalmente se traduce en indecisión y se puede llegar a transformar en inacción o conformismo.
Para concluir, mirándolo todo con la lente de trabajador social, debo decir que libros como este son necesarios para que seamos conscientes del mundo en el que vivimos, creo que es necesario conocer el pasado, y el desarrollo tanto económico, como político, social y cultural hasta el día de hoy, para poder analizarlo con la mayor cantidad de información objetiva posible. De este modo seremos capaces de reconocer los errores cometidos y la repercusiones que éstos acarrean, y no solo eso, sino que además de poder atajar errores repetidos a lo largo de la historia, nuestra dinámica está centrada en la prevención del surgimiento de dichos errores, de este modo estaremos matando dos pájaros de un tiro ya que al corregir los errores, si lo hacemos de la manera adecuada los convertiremos incluso en fortalezas, sin embargo podemos encontrarnos con la situación de que al intentar arreglar un problema surja otro, pero debemos estar preparados para ese tipo de contratiempos, ya que como hemos visto, es algo que no se ha sabido llevar bien a lo largo de la historia, sobre todo en términos de exclusión social, que las políticas sociales, sobre todo cuando la Iglesia tomaba parte en la acción, solo traían más desgracias y contribuía a agrandar la brecha social entre pobres y ricos.
Algo que me ha llamado bastante la atención ha sido la idea de conciliar el mercado libre con la reducción de la brecha económica y social, ya que en un principio este concepto se basa en el liberalismo de doctrina más puro, de tal modo no creo que aquellos que se autodenominan liberales o están en ese mercado inmersos, dejen sus intereses de lado para abogar por la mejoría social. En lugar de ello deberíamos hablar de una nueva concepción del mercado, fundamentado en la responsabilidad social y que cuente con ciertas limitaciones que nadie pueda eludir, tanto moral como legalmente hablando. Es necesario conseguir un consenso a nivel estatal-empresarial, para saber hasta qué punto estamos dispuestos a comprometernos con la sociedad y con el ámbito empresarial, qué intereses tiene cada una de las partes y hasta qué punto estos intereses son conciliables. Sin embargo no me parece algo inalcanzable, de hecho se plantea como un nuevo reto para una sociedad que poco a poco está despertando y que tiene un potencial infinito si lo sabemos catalizar de forma correcta.
Es cierto que no debemos olvidar el pasado, ya que es un ejemplo de los resultados que acarrean cierto tipo de sucesos, tanto positivos como negativos para la sociedad. De este modo debemos echar una vista crítica atrás, y no recordar el pasado con nostalgia, para enfrentar la problemática actual, por ejemplo el auge de los totalitarismos, desempleo, genocidios, quiebras económicas y el proceso de la 2ª Guerra Mundial. Centrándonos en el tema de los totalitarismos, debemos remarcar que aunque los aliados ganaron la guerra en 1945, persistió el espíritu fascista, hablamos entonces de una victoria material, ya que todavía existía el miedo por un resurgimiento de regímenes de este corte. Con la llegada de la democracia, se puso de manifiesto que ésta debía llegar a cierto nivel que, merecido o no, habían dejado elevado los regímenes totalitarios, como por ejemplo que Hitler devolvió el trabajo a todos los alemanes, gracias a Mussolini los trenes Italianos eran puntuales, etc.
“En aquellos años cada uno de nosotros sacaba fuerzas de la prosperidad general de la época y acrecentaba su confianza individual gracias a la confianza colectiva. Quizá, ingratos como somos los seres humanos, no nos dimos cuenta entonces de lo firme y segura que nos llevaba la marea. Pero quien vivió esa época de confianza en el mundo sabe que desde entonces todo ha sido retroceso y desolación”. Stefan Zweig. En EEUU, Alemania e Inglaterra se vivieron dos generaciones de alta movilidad social y prosperidad económica. El estado de bienestar estaba dirigido a reducir la brecha social existente entre ricos y pobres, lo que reportó enormes mejores teniendo en cuenta la calidad de vida de las personas, que se tradujo en una lucha contra las desigualdades tanto económicas como sociales. Ejemplo de estas luchas fueron las numerosas políticas sociales que se llevaron a cabo, como la educación gratuita, la atención médica barata o gratuita, pensiones públicas y seguros de desempleo, de este modo la clase media europea en 1960 se vio con la mayor renta desde 1914. El éxito de estas acciones se deben por un lado a la innovación social que se buscaba con la implantación de estas políticas sociales, pero manteniendo un conservadurismo cultural que actuó como piedra angular para la ideología general del momento. Sin embargo el hecho de que los estados tomaran las riendas en la mayor parte de la vida pública desembocó en que en cuanto se encontraban en una situación de conflicto bélico, todos los recursos y las políticas se dirigían en esa dirección, dando como resultado una limitación para la ciudadanía a la hora de adquirir recursos y suministros básicos, como ropa o comida. Durante este período se empezó a planificar tanto económica como socialmente, sin embargo la mayor parte de planificaciones que estaban hechas a largo plazo se basaban en puras especulaciones, por lo que se concretó que el único modo de planificar de forma efectiva sería a corto plazo y en ámbitos manejables para evitar repercusiones, siguiendo esta pauta se desarrolló el mercado libre, que sin embargo se hizo insostenible a la hora de interactuar con el medio social ya que el sistema como concepto no alberga precaución posible con los daños colaterales de corte social, siempre y cuando haya beneficios económicos, y aunque en el libro se dice que es compatible siempre y cuando sea controlado, en ese caso no nos encontraríamos ante un mercado libre sino ante un mercado regulado. “Al tesoro siempre le resultará más barato mejorar la condición de los pobres para que puedan comprar grano que bajar el precio del grano para ponerlo al alcance de los pobres”. Condorcet. Así las políticas sociales son llevadas a cabo gracias a los impuestos, que no se pueden llevar a cabo de manera efectiva si no existe cierta confianza tanto entre las personas que componen un estado como entre éstas y las instituciones estatales. Dicha confianza viene dada, o más bien se desarrolla entre personas que comparten espacio, tiempo, cultura, o incluso salario o capital disponible, sin embargo cabe destacar un factor decisivo para que funcione correctamente en el estado y es la igualdad entre las personas, cuanto menor sea la brecha entre ricos y pobres, más confianza recíproca se dará entre ellos y de cara al propio estado. También debemos tener en cuenta que cuanto más territorio abarque el estado será más difícil de conseguir esa homogeneidad entre los ciudadanos que permita dicha confianza recíproca.
En términos políticos cabe decir que durante este período se nos muestra un poder descontrolado que no tenía en cuenta las necesidades reales de los ciudadanos, más bien se decantaban por dejar que su poder se extendiese por sí mismo, lo que acarreaba consecuencias nefastas. Véase la construcción incontrolada de viviendas y oficinas que contaban con el descontento de la mayoría de la población, principalmente porque para construir estos edificios debían derribar lo que se encontraba allí anteriormente, y si lo que había antes era apreciado por la ciudadanía poco le importaba al estado, de este modo se reabrió la brecha social. Sin embargo aunque se dió este suceso de apertura de la brecha social nos encontramos ante un panorama distinto, ya que actualmente la clase media se encontraba imbuida en un falso estado de bienestar donde sacaban bastante provecho de sus derechos en comparación con el esfuerzo que dedicaban a sus deberes cívicos y como sociedad.
Durante la época de los 60, la izquierda que anteriormente había estado unida y se había presentado de forma colectivista, experimentó un cambio drástico que marcaría su camino de cara al futuro. En estos momentos primaba el individualismo que no confiaba en darle el poder al estado, producto del ejercicio descontrolado del poder que hemos mencionado anteriormente, como resultado tenemos un ensalzamiento de los intereses del individuo frente a los comunes, así pues la confianza que habíamos ganado la estábamos sacrificando en pos de nuestra propia seguridad, tocaba defenderse frente a un organismo que anteriormente nos protegía, pero que en ese momento había perdido el rumbo y si no hubiese habido reacción hoy no seríamos lo que somos. A pesar de que todo esto fue una reacción frente a un problema planteado, lejos de llegar a una solución efectiva lo que se consiguió es que la izquierda se fragmentase y perdiese el objetivo común. Cobró bastante importancia el concepto de identidad en los discursos públicos. Sin embargo, el resultado de esta amalgama izquierdista fue una invitación al un resurgimiento conservador, que propiciaba un objetivo común basado en la protección social y cultural, sin embargo todo esto unido al paso del tiempo desembocó en un renacimiento de la derecha utilizando retórica de base conservadurista.
La historia de la política ha jugado un papel importante en la política actual, ya que en muchas ocasiones por miedo a las repercusiones del pasado no se repetían fórmulas o no se mencionaban ciertas ideas debido a su anterior fracaso, para no ir en contra del ciclo histórico, sin embargo si una fórmula no funcionó en el pasado, al trasladarla al presente con su respectivo contextos, podría llegar a dar frutos.
En estos momentos, el auge de la derecha trae consigo la idea de la privatización, consistente en que cuando el estado no puede hacerse cargo de ciertos servicios, bien sea porque no dispone de capacidad económica o bien porque no disponen de los medios necesarios para llevar a cabo estas tareas correctamente, se optaba por subcontratar los servicios a empresas privadas que se hacían cargo por completo de los mismos. En primera instancia no parece mala idea, sin embargo si nos fijamos bien esto se trata de deshacer lo que habíamos construído previamente en términos institucionales. Nos encontramos ante una inversión del proceso que se inició cuando el estado comenzó a adoptar actividades que no podían o no querían llevar a cabo los particulares de forma individual, y que ya formaba parte de nuestro tejido como sociedad. “Toda sociedad que destruye el tejido de su estado no tarda en desintegrarse en el polvo de las cenizas de la individualidad”. Edmund Burke. Una vez que valoramos más lo privado que lo público, estamos abocados a entender que hemos de valorar más la fuerza sobre la ley.
la caída del comunismo con el muro de berlín en 1989, significó la disgregación de la izquierda, ya que las doctrinas comunistas eran lo que mantuvieron unidas a las personas de ideología izquierdista durante más de un siglo. Así pues cualquier partido o movimiento que se autodenominase social-demócrata estaba destinado al fracaso y la desaparición, debido a la disgregación que ya hemos hablado. Además el discurso socialdemócrata se ha agotado ya que todos somos demócratas. Tomando esto como punto de partida y sumándolo a que ya sabemos que han pasado los momentos de la socialdemocracia y el neoliberalismo, con la caída del comunismo, lo que nos queda es saber que cada uno de los movimientos anteriormente mencionados pudieron desarrollarse gracias a los contextos que existieron y que ya no están, por lo tanto lo que debemos hacer es un cambio de paradigma, analizando las circunstancias actuales para obtener nuevas maneras de organización política que puedan atender correctamente las necesidades de la población actual, además de ser conscientes que una vez alcancemos algún tipo de organización que logre cierto nivel de bienestar no debemos acomodarnos en ello y dejar de trabajar pues la historia nos ha enseñado que si dejamos de investigar y actualizar las leyes a nivel social, el resultado será una nueva apertura de la brecha económica y social, estar otra vez en la casilla de salida, hagamos de nuestros esfuerzos algo que trascienda a las generaciones.
Teniendo en cuenta todo lo mencionado anteriormente, es hora de ser críticos con la actualidad y los esquemas sociales y económicos en los cuales nos enmarcamos. Debemos llevar a cabo ciertos ejercicios para mantener viva la sociedad y el discurso general en estos términos, en primer lugar debemos liberarnos de los temas tabúes, para que la resolución de conflictos, que en principio son sencillos, no caigan en devaneos debido a una moral antigua que no permite a las personas expresarse con plena claridad. Además de esto, debemos fomentar la idea de poner de manifiesto nuestras disconformidades, tenemos que buscar que la sociedad se encuentre en un diálogo interno contínuo, lo que permitirá pulir más efectivamente elementos relacionados con la desigualdad, como lo es por ejemplo la brecha económica y la social. Si seguimos esta línea abriremos un camino hacia una nueva moral que nos hará trabajar mejor de forma coordinada y conjunta como sociedad, ya que nuestros objetivos estarían fundamentados en el bienestar y la equidad, sin dejar de lado el factor económico, debemos evitar demonizarlo, pero tenemos que darle la importancia justa que merece. Tony Judt comenta que tanto las repúblicas como las democracias, solo se pueden desarrollar en función del compromiso de ciudadanía que debe aceptar la población para la gestión de los asuntos públicos.
Una vez analizadas la organización de las instituciones políticas, y haber dirigido una mirada crítica hacia nosotros mismos, debemos luchar por sacar a flote los fundamentos de las ideas socialdemócratas, aplicándolas a nuestro contexto actual, para conseguir el objetivo que llevamos persiguiendo en todo el recorrido del texto: reducción de las desigualdades o brechas económica y social. Debemos tener en cuenta algunos elementos que en principio juegan en nuestra contra, pero si conseguimos gestionarlo de la manera correcta podrían convertirse en fortalezas. En primer lugar cabría hablar de la globalización, que en cierto modo eleva el nivel de la economía, sin embargo como podemos comprobar en el caso de China, ésto no quiere decir que el nivel de las políticas sociales vaya ligado a la cantidad de riqueza de la que disponga un país en concreto, de este modo se señala al estado como medio que pone en contacto al ciudadano con el medio internacional, así pues necesitamos un estado en el que poder confiar, y que disponga de los medios y el conocimiento suficiente para llevar a cabo esta mediación de manera efectiva, de este modo la confianza en dicho estado vendrá dada de manera natural. Teniendo esto en cuenta diremos entonces que las necesidades se centran en la reformulación de un estado corrupto, que no cuenta ni con los medios necesarios ni con la confianza de los propios votantes, actualmente se vota a la opción menos mala. Así el modus operandi sería echar una vista crítica a la izquierda, sobre todo en materia de libertad de mercado. Debemos conseguir que siga la línea de reducción de desigualdades, debemos hacer estudios del rumbo económico poniendo de manifiesto que aquello que no le convenga a la colmena, no le conviene a la abeja, salvaremos así el desequilibrio al que nos enfrentamos por culpa del individualismo más puro transformado en avaricia. Por último nos encontramos con el problema del miedo infundido, que en muchas ocasiones es producto de histerias colectivas, como en los casos de terrorismos, lo que provoca en muchos de los casos una reacción xenófoba, o el miedo a la inestabilidad, que generalmente se traduce en indecisión y se puede llegar a transformar en inacción o conformismo.
Para concluir, mirándolo todo con la lente de trabajador social, debo decir que libros como este son necesarios para que seamos conscientes del mundo en el que vivimos, creo que es necesario conocer el pasado, y el desarrollo tanto económico, como político, social y cultural hasta el día de hoy, para poder analizarlo con la mayor cantidad de información objetiva posible. De este modo seremos capaces de reconocer los errores cometidos y la repercusiones que éstos acarrean, y no solo eso, sino que además de poder atajar errores repetidos a lo largo de la historia, nuestra dinámica está centrada en la prevención del surgimiento de dichos errores, de este modo estaremos matando dos pájaros de un tiro ya que al corregir los errores, si lo hacemos de la manera adecuada los convertiremos incluso en fortalezas, sin embargo podemos encontrarnos con la situación de que al intentar arreglar un problema surja otro, pero debemos estar preparados para ese tipo de contratiempos, ya que como hemos visto, es algo que no se ha sabido llevar bien a lo largo de la historia, sobre todo en términos de exclusión social, que las políticas sociales, sobre todo cuando la Iglesia tomaba parte en la acción, solo traían más desgracias y contribuía a agrandar la brecha social entre pobres y ricos.
Algo que me ha llamado bastante la atención ha sido la idea de conciliar el mercado libre con la reducción de la brecha económica y social, ya que en un principio este concepto se basa en el liberalismo de doctrina más puro, de tal modo no creo que aquellos que se autodenominan liberales o están en ese mercado inmersos, dejen sus intereses de lado para abogar por la mejoría social. En lugar de ello deberíamos hablar de una nueva concepción del mercado, fundamentado en la responsabilidad social y que cuente con ciertas limitaciones que nadie pueda eludir, tanto moral como legalmente hablando. Es necesario conseguir un consenso a nivel estatal-empresarial, para saber hasta qué punto estamos dispuestos a comprometernos con la sociedad y con el ámbito empresarial, qué intereses tiene cada una de las partes y hasta qué punto estos intereses son conciliables. Sin embargo no me parece algo inalcanzable, de hecho se plantea como un nuevo reto para una sociedad que poco a poco está despertando y que tiene un potencial infinito si lo sabemos catalizar de forma correcta.
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